16 enero 2012

Los gurises de la costa que lindos que son…





Emprendimos el viaje con Marcos, mi amigo, mi compañero, mi amor. Nos alejamos de su Rosario querida y nos despidió el calor despuntando apenas las 6 de la mañana. También nos despidió Mauro desde la puerta de casa con sus deliciosas facciones recostadas en el umbral de la puerta, como soñando compartir la aventura. Ojalá podamos cumplir esa promesa silenciosa pronto.
Nos recibió Concepción de Uruguay y – en medio de las expectativas – el sofocón nos catapultó directo al agua en las gloriosas orillas de Banco Pelay, rodeados de vastas playas.
Una primera noche complicada, más por la ociosa comodidad que arrastramos como bagaje de la vida en la ciudad. Una cerveza al anochecer, de cara al río, ante la imponente y rojiza luna, nos bastó para alivianar las penas y alentar el viaje.
Casi como una señal divina vientos del norte nos dieron un respiro al agobiante calor y de allí, desayuno de por medio, emprendimos rumbo a las tierras de los palmares.
Tiempo loco, nubes, amenazas de inminente lluvia y las altas tasas hoteleras nos esperaban en una ciudad que lleva en sus venas un turismo pujante. Y allí directamente fuimos a parar a un hotel de mala muerte que Marcos llamó precario. “Un lujo” – repliqué yo ante el recuerdo de ciertos tugurios que viajes por Bolivia y Perú me llevaron a conocer gracias a la osadía de me querido hermano Walter.
y de allí nos aventuramos a buscar colonia Liebig, una ex ciudad frigorífica que guarda rarezas como el monumento en forma de lata de carne enlatada (valga la redundancia) y casa conservadas en el tiempo, al mejor estilo de los estados del sur norteamericanos de la época de la Guerra de Secesión.
Tan cerca, un pecado no escaparse a tierras uruguayas por el paso Colón –Paysandú. Paysandú, tierra natal de los Iracundos según rezan los carteles de la entrada a la ciudad. Allá rumbeamos para descubrir una ciudad pintoresca, de playas hermosas y autos antiguos por doquier; se respira el candombe en las calles.
Nos llamó la atención la legalidad uruguaya: “más de cinco metros marcha atrás es contramano” – nos gritó uno al paso. Para algunos un hábito molesto quizá, para mí un buen ejemplo a imitar que me llamó la atención.
Con otro día favorable climáticamente emprendimos regreso a Colón para desayunar en el parque Quiróz, a la sombra, con el viento refrescándonos dulcemente. Luego nos arrojamos una vez más al camino y nos adentramos en San José donde nos maravillamos conociendo el Molino Forclaz, uno de los primeros molinos hogareños de la zona. Dice la historia que Don Forclaz invirtió toda su fortuna y su palabra en crear un segundo molino, esta vez de viento - al estilo holandés – pero no tuvo en cuenta que la intensidad de los vientos en estos lares no sería tan favorable. Se llevó a la tumba sus sueños y su locura. Dejó como patrimonio histórico un molino de viento soñado y murió a sus 44 años, dicen, de tristeza.
Descubrimos un camping (Los médanos) a orillas del Uruguay: mezcla rara de mar y arboledas de Cariló. Y enamorados de aquel lugar hicimos nido usando dicho lugar como “centro de comando” para nuevas aventuras aledañas.
Por camino de ripio, 9 kilómetros adentro, emprendimos travesía hacia colonia Hoker en busca del Almacén de Don Leandro, ex almacén de ramos generales y actualmente proveeduría de deliciosos licores caseros, especias, escabeches y asados (los fines de semana). Licores ricos si los hay y con los nombres más insólitos como “Voltea  chinas”, “Silencia loros” (especial para suegras según me dijo Leandro) y “Revienta Gauchos”.
Para llegar a Hoker hay que atravesar el Camino de los colonos durante cuyo recorrido se van viendo en las tranqueras y frentes los escudos familiares de quienes siglos atrás emigraron a estos lares. Don Leandro nos contó que hace algunos años la intendencia de San José quería instalar un basural en la zona por lo cual, la hija de Leandro, conocedora de la historia de estos colonos franco-suizos, instó a los vecinos a colocar dichos escudos, pidió a la intendencia que se declare al Camino de los Colonos patrimonio cultural y que no se instale el basural mencionado. Y así sucedió. Heme aquí admirando la importancia de dicha iniciativa y más aún la belleza de la conexión con las raíces más profundas de la identidad de las personas.
Actualmente, cientos de personas semanalmente se adentran en los caminos de ripio peregrinando hacia este almacén de culto regional y envidia personal.
Un nuevo día nos llevó al parque nacional El Palmar, con la majestuosidad de aquellas centenarias palmeras Yatay que a unos pocos kilómetros, en Ubajay, tienen su propia fiesta provincial. Tan clara el agua, tan puro el aire, tan amplio el parque e incluso sus instalaciones, que siempre convidan a quedarse…
Llegaba la hora de emprender la vuelta… en un viaje de locos atravesamos la provincia de lado a lado para llegar a Paraná y caer casi rendidos a los pies del parque Urquiza para reponer fuerzas antes de seguir el viaje. Previo, una escala en Rosario del Tala para visitar alguna panadería local, porque no hay como la panificación entrerriana: un segundo de placer en tu boca, una eternidad en tus caderas, aunque, valió la pena.
Merecido premio un helado de la Bahillo en Paraná, que no se encuentra en Rosario y ahora sí, la vuelta al camino que lleva a la rutina… mientras íbamos dejando Paraná me invadió la nostalgia del viaje, de los amigos de antes, de la juventud pasada, de la vida servida con deliciosa felicidad, de las raíces… la gente bañándose en la costa, los gurises corriendo, mis ojos abrazando los últimos recuerdos y mi corazón recordando lo que se siente estar como en casa…

08 noviembre 2011

Cosas de putas y mala educación


El otro día me quedé pensando que de todas las variedades (o tonalidades) existentes del color rojo (anaranjado rojizo; Bermellón; Carmín Encarnado; Encarnado; Escarlata; Frambuesa; Fucsia; Granate; Magenta; Ocre rojo; Ocre tostado; Rosa; Púrpura; Rojo alheña; Rojo almagre; Rojo amapola; Rojo anaranjado; Rojo arenisca; Rojo atardecer; Rojo aurora; Rene bengala; Rojo brasa; Rojo brillante; Rojo Bugatti; Rojo Burdeos; Rojo cadmio; Rojo cangrejo; Rojo caoba; Rojo cardenal; Rojo carmesí; Rojo cereza; Rojo chillón; Rojo ciclamino; Rojo cinabrio; Rojo claro; Rojo cobre; Rojo Congo; Rojo coral; Rojo cresta de gallo; Rojo de China; Rojo de Japón; Rojo de cochinilla; Rojo de cromo; Rojo de granza; Rojo de Parma; Rojo de uñas; Rojo diablo; Rojo Ferrari; Rojo flamenco; Rojo fresa; Rojo fuego; Rojo geranio; Rojo guinda; Rojo indio; Rojo inglés; Rojo jaspe; Rojo labio; Rojo lacre; Rojo ladrillo; Rojo langosta; Rojo lava; Rojo llama; Rojo luminoso; Rojo Marte; Rojo mate; Rojo melocotón; Rojo minio; Rojo neón; Rojo negro; Rojo original; Rojo orín; Rojo óxido; Rojo pálido; Rojo pardo; Rojo pastel; Rojo pavon; Rojo permanente; Rojo persa; Rojo pimienta; Rojo pimiento; Rojo Pompeya; Rojo prelado; Rojo primario; Rojo rosado; Rojo rubí; Rojo rubor; Rojo salmón; Rojo sangre; Rojo Saturno; Rojo semáforo; Rojo señal; Rojo subido; Rojo teja; Rojo Tiziano; Rojo tomate; Rojo tráfico; Rojo vamp; Rojo Venecia; Rojo viejo; Rojo vino; Rojo vivo; Rojo zanahoria; Rufo; Sangre de buey; Siena tostada; Terracota; Violeta rojizo) casi siempre que debemos referirnos a algo de color rojo intenso, llamativo o muy notorio mucha gente lo resume en “rojo puta”… pobres putas – pensé.

Suelo tener la costumbre de escribir en rojo, creo más que nada por una cuestión de practicidad, debido a mi chicatez de larga data, me es mucho más fácil identificar el rojo sobre el papel escrito que otros colores. Los afiliados siempre me preguntan: “¿Escribo igual? ¿No importa que sea rojo?” – siempre les contesto: “No, no hay problema”.

Sólo dos afiliados alguna vez me han dicho: “Mmm, escribís con rojo, personalidad fuerte…”. La particularidad que estos dos comparten es que parecen ser personas positivas o si no lo son, anulemos por un momento las suposiciones, su trato siempre es cálido y ameno para con uno, que representa lo más tedioso de la enfermedad padecida, la burocracia. Y eso ya es mucho decir.

Leí por ahí que escribir en rojo es considerado de mala educación. También leí por ahí que esto es considerado un mito urbano: antes se creía que era perjudicial para la vista leer ese color debido al esfuerzo que requería para el ojo procesarlo; la verdad es que el rojo es uno de los colores que primero percibe el ojo y con mayor facilidad… “Pobre rojo” – pensé.

Para algunas personas es “mala educación” porque  equivale a hablar gritando o a escribir todo con mayúsculas. Y al parecer, esta “regla urbana” – como leí en algún blog - fue “impuesta antaño por algún concilio de viejunos burócratas del arte…”

Somos animales de costumbre o de malas costumbres… por eso consideramos que ir a ciertos lugares con las uñas “rojo puta” es como ir dispuesta a decir sí a lo que sea. Pero perdemos de vista ciertos atributos de este color que es tan apasionante en sus interpretaciones como en sus usos.

Para los artistas el rojo es un color cálido, de hecho se encuentra más cerca de los colores cálidos que de los no que no me acuerdo como se llaman jaja. Además, el color rojo representa cosas que dan bienestar o nos dan la pauta de tener vida, fuerza, como el corazón, como la pasión, como el amor, como la sangre (cuando morimos la sangre toma un color más oscuro, como la sangre no oxigenada de las venas…)… los eslavos decían que la sangre era un elemento conductor del alma, por eso los vampiros la necesitaban para vivir… el pimiento rojo me encanta, las frutillas, las cerezas. Mi corazón es rojo, mi sangre y mi pasión también.

Así la puta madre que los re parió… escribir con rojo no es mala educación. Decir malas palabras sí… jaja.

Que tenga un lindo día…

Catalogo NO exhaustivo de cosas que no dan felicidad


Estuve pensando en las cosas que no dan felicidad y como muchos de ustedes ya lo sabrán son bastantes. Siempre dicen que lo importante es aprender a ignorarlas. Pero qué pasa cuando la vena en el cuello no te deja hacerlo? Qué pasa cuando no te resbala? Qué pasa cuando te das cuenta que te esforzaste tanto y no te sirve de nada?
Lo que pasa es que uno ahí tiene que poner todo en la balanza y recurrir al infalible y desde ahora inacabado catalogo de cosas que no dan felicidad. Si yo fuera mi viejo el catalogo se remitiría a la ausencia de cosas materiales… pero yo soy más etérea y no me aferro tanto a las cosas, dependiendo de qué cosas, pero en general me refiero a las cosas materiales, las que valen plata pero también a veces no valen la pena.   
Así que si usted es una mala persona, ego maníaca compulsiva, un maldito sorete despiadado, un sociópata o tiene la sospecha mínima de serlo, por favor absténgase de leer este catalogo porque todo lo aquí aparezca de seguro no le interesará.
Aquí les dejo un catalogo improvisado de cosas que me he dado cuenta no dan felicidad. Las pienso cuando camino con rumbo cierto y rutinario en medio de esta ciudad hermosa que a veces me sorprende con cosas de locos. Quizá sea un triste catálogo mezcla de auto referencialidad y experiencia cercana de diversos tipos, pero no importa, quizá también en estas palabras vanas otros soñadores empedernidos como yo se sientan identificados y libres. Sé de uno que seguro lo hará.
Allá vamos…
  1. No saber disfrutar de las cosas buenas o tardar mucho tiempo en apreciarlas, como el amor, la familia, los amigos.
  2. Valorar más los anillos que las virtudes.
  3. La insatisfacción incurable.
  4. Convencerse de que el mundo está contra uno y uno no tiene nada por lo cual disculparse.
  5. Dar un beso y estar pensando en otras cosas.
  6. Mentir, hablar por la espalda, esforzarse para que le vaya mal al otro.
  7. Pensar siempre en negativo.
  8. Echarle la culpa a los demás de los fracasos propios.
  9. Envidiar todo el tiempo lo que tienen los demás.
  10. Soñar con ser otro.
  11. La rutina.
  12. La vagancia.
  13. La comodidad.
  14. Los padres ausentes.
  15. Las distancias sin solución.
  16. Los sueños postergados.
  17. Las ganas de llamar la atención.
  18. La mala onda ajena.
  19. Escuchar las críticas maliciosas de la gente.
  20. Recibir un cumplido que se sabe falso en la simple mirada.
  21. La intriga.
  22. El aire acondicionado del trabajo roto.
  23. El programa de Claudio María Domínguez de los sábados por la noche que se llama “Hacéte cargo” jaja.
  24. Darle importancia a gente que no vale la pena.
Por suerte, las cosas que nos dan felicidad, aunque las perdamos de vista, son muchas también… a veces es el olor a café recién preparado en la mañana, en una mañana en que no apremian los horarios laborales. La sonrisa de un extraño, hacer un favor a un desconocido, la confianza de un amigo, la llamada de la persona cercana pese a la distancia, descubrir algo interesante y útil, descubrir algo totalmente divertido e INUTIL, la satisfacción de aprender a hacer algo totalmente nuevo, la libertad, oír la lluvia en tu ventana, recibir un halago auténtico de alguien a quien querés o admirás, hacer un viaje corto o improvisado, alcanzar una meta que nunca habías logrado, empezar algo por lo que habías esperado mucho tiempo, una buena canción, las ganas de bailar y animarse a hacerlo, cocinar, los mates antes de ir a dormir con alguien que ama, las sesiones de belleza caseras y de emergencia psicológica, comer melón en la cocina los días de calor y reír, hablar con gente que te llena el alma, la ventilación cruzada, los besos robados, el buen humor de ese amante dedicado y tierno mal catalogado con tanta simpleza como novio...
Todas valen la pena, lo importante es concentrar los esfuerzos en notarlas y aferrarse a ellas…

19 agosto 2011

Yo siempre amé tu locura...



Ayer vino una persona a mi oficina. Una persona para mí, un número para el sistema previsional, un cuerpo ambulante para el resto de la gente, una paciente para los médicos, una loca para los vecinos, quizá una hija de puta para los chismosos. Sentada al otro lado de la oficina dijo muchas cosas y de repente, como a punto de estallar, empezó a llorar a mares, casi implorando un oído que tenga la voluntad de oír…
Había en su llanto un gran sentimiento de culpa, la tristeza inexplicable de locuras que vienen de un cuerpo rebelde, que te juega en contra y transforma las pequeñas cosas en grandes agonías. Me senté a su lado, le tomé el hombro, escuché con paciencia y le hablé con sinceridad. Siguió hablando, no podía decirle mucho… cómo decirle que vale la pena vivir si había intentado arrebatársela al menos dos veces.
Según la Real Academia Española la locura es la privación del juicio o del uso de la razón; o una acción inconsiderada o gran desacierto; o una acción que, por su carácter anómalo, causa sorpresa; o la exaltación del ánimo o de los ánimos, producida por algún afecto u otro incentivo. Pero no quería decirle eso, no quería tener que explicarle que la RAE sabe de lengua pero no sabe de sensaciones, que ciertas personas  saben de síntomas y diagnósticos pero a la mayoría de la gente no le gusta saber sobre los infiernos internos que no tienen definición precisa ni encuentran su lugar en los diccionarios, nuevos, viejos, actualizados.
A veces, por cosas que nunca entenderemos quizá, el cuerpo nos juega una mala pasada y las neuronas se ponen loquitas y nos llevan a lugares impensados, nos hacen odiarnos, dañarnos, destruir lo que nos rodea. Por un momento oí a esa persona y me quedé pensando en la cantidad de veces que encerrada en mi propio ombligo dije sentirme sola. Entonces la miré y con mi verborragia irrefrenable le dije, “bueno, no te preocupes, nosotros nos encargamos de la parte más fácil que es hacer los papeles y vos – continué diciendo – ponéte las pilas que yo te tomo la palabra”. Me largó una sonrisa.
Anoche, por primera vez en años recé para pedirle un favor casi personal a Dios, para decirle que ayude a esa persona a aceptar sus debilidades. Dicen que los suicidas no van directo al cielo. Pero si el cielo existe, creo que no es algo que me interese, prefiero pensar que lo que vale es hacer que la vida cuente, en vida. La parte más difícil de la tristeza es descubrir que nunca se está solo, que algunos somos más débiles que otros en ciertas cosas, que eso ESTÁ BIEN y que a la vez somos más fuertes que otros porque la lucha es permanente.

15 agosto 2011

Mejor no hablar de ciertas cosas...



Mejor no hablar de ciertas cosas…
El otro día iba caminando por la calle, disfrutando del sol, del viento y del tiempo ocioso como no lo hacía en mucho tiempo. Y allí me quedé pensando después de tener una “revelación” como suelo decir en broma, que si algún día tuviera un hijo le pondré Juan, como mi abuelo. Aunque mi abuelo era Antonio Juan, pero ponerle Antonio o Antonia a un hijo en el siglo XXI es casi un pecado, a mi parecer.
Después le compartí mi locura a mi vieja quien asustada me dijo que no le contara a mi novio esas cosas para que no se espante. Obviamente no seguí su consejo. En ciertas ocasiones la verdad es un apuesta riesgosa, pero creemos eso porque las personas a veces además tenemos la loca fantasía de que contar nuestros sueños ata a las personas, que soñar con la convivencia puede obligar al otro a querer convivir, que jurar amor puede inducir al otro a jurárnoslo también aún sin sentirlo. Y peor aún, existen personas que se sienten irremediablemente obligadas por la palabra que expresa el deseo del otro.
Si algo he aprendido de la vida es que las palabras se las lleva el viento como dice el refrán… es más difícil de lo que creemos atarnos a las palabras. Esas verdades no dañan a nadie. En su defecto, son mejores que los sincericidios. Yo soy una persona medio sincerecidista, o solía serlo más fuertemente.
En el sincericidio – o sinceridad equivalente al suicidio social – hay algo de soberbia porque quienes las practican en general en el fondo de su alma tienen la sensación de que su palabra es muy esperada y sus “verdades” siempre acertadas y respetadas. Pero lo más probable es que lejos de ser así, lo que no sospechamos los sincerecidistas es que la gente nos considera pesados, pelotudos y altaneros jajaja.
Si uno tiene suerte, con el tiempo aprende a domar la lengua y no miente, sino que omite información innecesaria, como cuando Homero le miente a Marge y se le tuerce el ojito para un lado.
Una vez estaba con mi hermano y un amigo de él tomando una cerveza. De repente los miré y les dije “que lindo que puedan tener una amistad como la que ustedes tienen”. Con el tacto proctológico que caracteriza a mi santo hermano él me miró y me dijo “dejá de decir pelotudeces”. En la distancia me resulta gracioso, en el momento sentí ganas de llorar, en perspectiva dije una pelotudez importante pero no por ello vergonzosa. Con los años he aprendido a no avergonzarme de mis locos pensamientos que van y vienen como excitados por mi mente sin orden ni capitán que los domine. Quizá sea algo cercano a la locura, pero es algo que en todo caso me define y espero algún día me llene de plata jaja.
Entonces, recapitulando. Primero: no hay que privarse de soñar en voz alta ni sentirse presionado por los sueños en voz alta ajenos. Segundo: la verdad no es absoluta, pero sobre todo la verdad propia, que es la prima fea de la humildad y no nos cae simpática. Tercero: aunque la gravedad es la gravedad, evitemos a toda costa que el sincericidio nos gane con el paso del tiempo para no terminar como la señora esa que la otra vez en el trabajo me miró y me dijo sonriendo: “ay! De cuanto estás?” y a quien miré con una violencia de rigor como diciendo “yo estoy gorda, pero lo mío se pasa bajando de peso aunque lo boluda que es usted es incurable”.
Mejor no hablar de ciertas cosas, simplemente de las cosas que nos definen y no intentar definir a la fuerza a los demás…    

22 junio 2011

Casa nueva…


Cuando el camión de la mudanza empezó a alejarse no estaba mirando la calle, me había perdido en la emoción quizá de algo que ya hacía años me parecía imposible, lejano e inalcanzable.
De repente comencé a ver las líneas blancas pasar una tras otra bajo las ruedas. Pensé en esa canción de Julio Iglesias que dice “llueve y está mojada la carretera”, estaba lloviznando, el pecho se me achicó un poco, de a ratos sentía que la fortaleza se me hacía agua entre los dedos y no podía sostenerla. Fue ahí cuando, cual deportista primerizo, atravesé mi “primer cansancio” y recobré el impulso.
Y volví a crecer de golpe, cada vez más contra mi voluntad. De a ratos quisiera que mi mente se vaciara de preocupaciones para dejarme llevar por la parte más loca y creativa de mi vida… de a ratos no me alcanzan las válvulas de escape.
Entré con las primeras cajas y me sentí en penumbras… de repente empecé a ver de colores y pensé en el negro de la noche que acabaría… “háblame de colores alrededor de ti” dice la canción de Pablo Milanés… “cuida que mis amores no se destiñan” – pensé, como rezando, como deseando… dicen que el deseo moviliza las cosas, a veces pienso que es cierto.
Poco a poco, con el paso de las horas el tetris de la mudanza se fue acomodando, pieza por pieza, recuerdo con recuerdo. A algunos les pesarán más que a otros. Yo, que tengo el corazón un poquito más rudimentario que el resto, no tenía mucho por recordar, quizá un poco de bronca para las palabras necias, quizá un poco de enojo con las palabras duras y las acusaciones injustas que reflejan la incapacidad de la autocritica ajena…
Aquí vamos, el viaje comienza…  me siento efímera, pero más fuerte que nunca…

08 junio 2011

Qué bonita vecindad…


Hace un tiempo ya, aunque no por mucho más, vivo en un edificio algo viejo en el centro de mi ciudad. Es antiguo pero enorme, tiene muchos departamentos, de la A a la I o algo así, en cinco pisos. Todos raros, algunos tienen forma de chorizo, otros son sombríos, incluso hay uno justo al lado del hueco del ascensor (debe ser divino vivir ahí).

Tengo una vecina, la de la puerta justo de enfrente, avanzada en años, muchos años, más vieja que mis abuelas, que tiene una obsesión hasta simpática con Cristina (sí, Fernández de Kirchner). Como buena peronista, recuerdo que alguna vez le desconfié de gorila, pero sus curiosos comentarios me terminaron resultando hasta graciosos y con el tiempo aprendí a no contestarle y escucharla. Así, las conversaciones por la mañana siempre rayan lo inverosímil en sus remates:

-(Yo): ¿Que tal buen día como leva?

*(Ella): Bien querida; ¿Vio el frio que hace? Me parece que ud. Está un poco desabrigada (sensación térmica, 30º en Rosario; humedad: sólo Dios sabe)

-(Yo): No, no se preocupe, me abrigué.

*(Ella): ¡¡M!! Bue!! A ver si está Marta (la portera); es más vaga esta Marta…

-(Yo): Bueno, que tenga un buen día…

*(Ella): Gracias querida ud. También. Aunque con esta Cristina nunca se sabe que va pasar mañana. Ahora se peleó con los brasileros…

Básicamente nuestras charlas tienen el mismo modus operandi cada vez que me la encuentro en el ascensor o de camino a este para ir a golpearle la puerta a la portera, para, no sé, nada, para hablar a las ocho de la mañana. Yo no sé su nombre. Tampoco le digo nunca que cada vez que se me pone a hablar me hace perder el colectivo y tengo que ir a tomarme otro. Supongo que por más que se lo diga no va entender, ni va dejarme de tirar palos acerca de mi bicicleta en el pasillo jaja.

Después está la viejita del cuarto, que está fanatizada con el tema de las hormigas. Basta encontrársela para oír por enésima vez: “Viste la peste de hormigas que hay!! ¿qué les echás vos?”

También está la loca del tercero que según me contaron grita sola y cuando se le vuelan los patos empieza a tocar el piano. Eso explica los conciertos por las madrugadas al son de los cuales me voy durmiendo algunas noches jaja.

También hay una pareja, no muy simpática, que tienen un perro marca “picho” que hace un tiempo decidió que el lugar para hacer la cacona es la puerta de mi departamento. Ahora, si salgo a abrirle a alguien, si salgo a tirar la basura o voy a la terraza siempre lo hago mirando para abajo, porque después de todo, digan lo que digan, pisar mierda ajena en tu propio departamento no es bueno ni aunque traiga suerte.

El ascensor, el espejo puntualmente, es un lugar de expresión contemporánea como no he visto en muchos lugares. El otro día parece que se armó en la terraza un cacódromo importante que llevó a la administración a poner un cartel que rezaba una obviedad: que si usted tiene un pichicho tiene que llevarse la cacona a upa junto con el rope cuando baja de la terraza. Dicho escrito desató la furia de algún literato contemporáneo del habitáculo edilicio que contestó sobre el mismo cartel: “Limpiá los pisos primero!!!” (creo que el referente de las líneas era Marta, “la vaga”). Imaginen mi sorpresa un viernes por la noche viendo el cartel, “hay gente que está muy al pedo” – pensé. Inmediatamente, corrí al departamento y decidí hacer mi aporte para que todo reviente: dejé un cartel de colores que decía: “la mugre no me gusta, pero la mierda de perro en mis zapatitos me cae peor!”… me fui tentada de risa… al día siguiente, en un ataque de violencia seguramente, los carteles habían sido arrancados, rotos y desperdigados por parte del ascensor y los pisos. Un ataque de ira que sin dudas me hizo reír mucho.

El otro día apareció otro cartel que decía: “Hola, alguien tiene internet o quiere compartir?”, sin firma. Al día siguiente alguien puso: “Sí, yo”. Obvio, esta persona lúcida no puso “sí” a qué?, ni nombre, ni piso, ni departamento. Cuando todo parecía haber terminado ahí, se sumó otra luz del edificio y puso “a mí también”, a secas. Todo esto se extendió casi una semana hasta que el del 4º A se iluminó por todos los demás y puso, “soy del 4ªA” jaja.

Mi edificio quizá no sea el mejor del mundo, pero me hace divertir; de ultima, yo tampoco soy muy normal, en verano me gusta cocinar con la puerta abierta sin importarme nada, pinto piñas con aerosoles en la terraza y no me gusta compartir internet con nadie para que no me molesten jajaja.

Cosas de la vida en vecindad…


23 mayo 2011

Todo sobre ruedas...



Hace algunos días salía caminando de mi casa, atravesaba un colchón de hojas doradas a la vuelta de la esquina y me dejaba retorcer por un mar de pensamientos que por estos dias no sólo me dominan la mente, sino también el alma... Mi cabeza estaba como en otra dimensión, de a rato me percataba de mis pasos errantes, embellecidos por unas botas de moda pero que por dentro se sienten viejos y cansados... me sentía un poco sola, aunque el frío me obligó a esconder la cara en mi abrigo, y me senti como acurrucada... a veces, vigilaba mis pasos al cruzar la calle, a veces sólo se trataba de suerte... De pronto vi una nena, montada en la parte trasera de la bicicleta de su papá... subió con su ayuda, lo abrazó de atrás y empezó a hablar como un lorito sin casi respirar... me acordé de mi amiga Romina, me sentí como transportada en el tiempo y en mi imaginación pude ver la imagen de esa anécdota que ella alguna vez me contó mientras vegetábamos en mi departamente, de cuando ella era chiquita, su papá la llevaba al cole en bici, ella cantaba todo el camino; incluso me acordé de cuando dice que perdieron su guardapolvos y no se dieron cuenta jaja... todo sobre ruedas...
Yo también pasé gran parte de mi vida sobre ruedas, mi adolescencia y la vida del biker, como decíamos con una amiga, mi primer amor sin dos pesos en los bolsillos, mis huídas más raudas de los gritos y de los silencios, mi tardes de domingo, mis madrugadas de fotografía, mis noches de verano y los helados de la Grido en un banquito del boulevard... creo que fue mi mamá la que le puso ruedas a mi vida...
En fin, me quedé un tanto pensante con la imagen de "mini Nomina" sobre ruedas, recordé las ausencias, recordé el dolor que me invade esas mañanas en que me siento tan vieja y molesta, en que me siento tan pesada y tan adolescentemente frustrada, en que siento las alas que salen de mi espalda y las vuelvo a cortar de un tijeretazo, para otro momento, para cuando pueda cambiar las ruedas por unas mas nuevas que no estén tan gastadas por el peso que llevan, no de mala gana, pero a veces a duras penas...


14 abril 2011

Pensá en cosas lindas...



Pensá en cosas lindas, descomprimí la mente, abrí en tu cabeza un agujero imaginario que te de alas y te saque la presión que te envuelve... pensá en cosas lindas, confiá en tu alegría que es la mejor guía para estos días de dicha tan hermosa que por tanto pero tanto tiempo has buscado.
Pensá en cosas lindas, en los cafés con scones en las tardes de invierno, en las "merendaciones" juntas los días de verano, en los desayunos al aire libre y con buena compañía...
Pensá en mis abrazos que aunque no siempre lo logran intentan protegerte y decirte que aunque no todo va estar bien siempre, voy a estar ahí para darte mi hombro para que te apoyes, incluso cuando se te salga la rodilla jaja...
Pensá en lila, como el color de las tarjetas que ensobramos aquella tarde mate de por medio, intentando adivinar cómo mierda se escribe un sobre que va destinado a Gran Bretaña...
Pensá en gris, cuidá que Poy juegue con tu pelo y te distraiga, y cuando no lo logre, pensá en amarillo, como el cheese cake de limón que tantas veces disfrutamos clase por medio...
Pensá en cosas lindas, que falta poco para que todas ellas parezcan nada en comparación con uno de los días más especiales de tu vida... el sábado 16...
te quiero...

25 febrero 2011

a los paises les pongo como yo quiero...



Sin más diré que en mi delirio me puse a pensar cómo le pondría yo o mis locos amigos a un país de nombre, basándome en fundamentaciones poco ortodoxas y que ni siquiera podrían considerarse fundamentaciones. Es más, no me voy a molestar en explicar. He dicho. Aquí van:

-Collitolandia

-Chavezuela

-Bananador (Ecuador)

-Castruba

-Kirchnertina

-Narcolombia

-Zimbabelmarino (Zimbabue)

-Espami

- Reino Unido de la Gran Pestaña

-Bardeen (Bahrein)

-Miranda (o Irlanda)

-Mexicartel (by Bruno A.)

-Cannadis (by lucho/el lobo)

23 febrero 2011

Volare...



Hay una canción de los Gipsy Kings muy pero muy conocida, Volare, esa que dice “volareeeee, oo-oo, cantareeee, o-o-o-o…”. En realidad no es de la autoría de ellos, sino que era una canción que cantaba Doménico Modugno en la época en que la tele en Europa se veía en blanco y negro. Para que se den una idea, Doménico era algo así como el Nino Bravo italiano jaja, con la pisca anecdotaria de las canciones de Juan Ramón.

En fin, esa canción siempre, de manera irremediable, me transporta a una fiesta de casamiento que presencié en mi infancia. La imagen a veces es vivida, a veces borrosa y confusa. Y de repente me veo bailando, con mi pelo rubio y suelto, siempre peinado por mi mamá, y sigo bailando, esta canción, entre mis abuelos, con mi viejo, y corro de a ratos para jugar a las escondidas pero el baile me puede más.

A veces me pregunto por qué recuerdo ese momento una y otra vez al escuchar esta canción. Creo que conozco la respuesta en mi corazón aunque me cuesta aceptarla…

De a ratos me permito esos pequeños recuerdos y los abrazo con una idealidad efímera que se desvanece cuando vuelvo a la rutina.

Así que vuelen, se permite, más aún porque soñar siempre fue, es y será un aliciente para las almas, sobre todo aquellas que penan por la triste certeza de que el pasado nos define de una manera deliciosa pero la nostalgia dos por tres vence todo tipo de lógica…

 

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